Durante décadas, el dinero en efectivo ha sido el principal medio de pago en América Latina. No por preferencia, sino por necesidad. Para millones de familias, microemprendedores y pequeños negocios; el efectivo ha sido la única forma de sostener la economía del hogar día a día. Sin embargo, esta dependencia también ha limitado el acceso al sistema financiero, al crédito y a tener oportunidades reales de crecimiento.